Creo que núnca nadie me ha llegado a conocer como mi padre. Sí, sé que suena tópico pero es así...
Murió cuando yo tenía trece años luego de una tediosa emfermedad que llamaron cáncer y que le llevó de hospital en hospital durante un año. De lo que yo pudiera pensar o sentir en todo ese tiempo, no lo he contado a nadie, nisiquiera a mi misma.
...creo que es porque prefiero recordar el ruido de sus zapatos cuando llegaba de trabajar en la noche, el olor de su pelo cuando se acercaba a darme un beso, o cuando me cogía en brazos, mientras me decía '¡Enana!'.
Era un hombre grande, o un gran hombre. Para mi fué el mejor, y aunque no se lo dije, estoy segura de que lo sabía. No tenía que decirle nada, porque él siempre sabía lo que yo quería, lo que necesitaba o lo que pensaba.
De acuerdo, lo estaré idealizando un poco, pero le adoraba.
Y lo peor es el último recuerdo. El pobrecillo se iba consumiendo con los tratamientos, adelgazó bastante, y se quedó sin pelo y muy pálido. No le sabía bien la comida y estaba malhumorado porque no le dejaban volver a trabajar, pero cada vez que se intentaba mover se ahogaba.
... y yo sólo trataba de huir y no verlo, porque aquello me destrozaba el alma.
Considero que alguien en el cielo se equivocó al llevarselo de mi lado tan pronto. Si él hubiese seguido conmigo, toda mi vida hubiese sido muy diferente...
Siendo egoísta como sólamente yo puedo ser, y olvidando que habrá gente que lo esté pasando peor que yo, sólo puedo escribir y olvidar.
Porque nada en la vida es justo...
La mas terrible soledad es la que te deja la muerte cuando se lleva una parte de ti.